Cuéntame una historia que no me sepa... Una que suene a muerte, a ocaso, a tensión, a terror, a rosas cubiertas de espinas, llantos desbordantes del alma y fracasos que empañan. Una de las que
la gente cuenta sin saber si de verdad pasó. De esas que todos critican
pero nadie entiende.
Cuéntame una de las que se viven al
compás de la envidia de los demás. De las que nunca dicen que no a una
botella de vino.Cuéntamelo. Cuéntame algo que nadie me
haya dicho todavía, tócame algo que nadie haya escuchado jamás. Desafíname las
cuerdas y marca un ritmo. Dime lo que todos
piensan y nadie se atreve a decir. Pero tú sí, dilo.
Toma dos copas rotas y no tengas
cuidado. Córtame la boca con eso que llaman ganas de todo y no te dejes
nada. Repite, si puedes. Una, dos, tres, cuántas veces puedas. Atáscate en el ascensor que viaja entre mi
realidad y tu mundo paralelo. Sube, baja y vuelve a subir. Repite, si te
atreves. Atréve(te).
Deja que suba la marea y finge que no
sabes nadar. Recuérdame que hay una parte de mí que sabe respirar debajo
del agua y a ras del mar. Ahógame las excusas. Dame una vuelta. Dame
dos. Dame cien. Sin rodeos. No hagas pie.Aguántame la tormenta, la mirada, el vendaval. Aguanta las ganas, la paciencia, el tirón. Tírate conmingo, contigo, sinmigo, sin tí.
Cuéntame una que no me sepa. Esa que no nos dejaban ver cuando
éramos pequeños. Aquellas que son capaces de explicar lo que no podrás nunca, quizás porque sea mejor no saber. Bájame las estrellas, llévame a
bailar. Báilame. Báilame la atención
mientras nos disfrazamos de indiferencia. Sé diferente. Sé indiferente, Ponme lo de
siempre y que sepa como nunca. Ponme, a secas. No vengas para quedarte. No te acabes de
marchar. Prométete que no volverás y ven otra vez. Ven, una y mil
veces, y no te acostumbres ninguna. Llega tarde, pero llega. Vuelve a volver. Dame cuerda y no la sueltes. Suéltame la mano y déjame colgar. Cuélgate. Cuélgate de mí.Tira y no aflojes. Salta. Salta y deja que vaya detrás.
Cuéntame otra. Una de la que nunca hayas contado el final. Una que no sepas cómo acaba. Una que no sea como las demás. Duéleme. Duéleme en todos y cada uno de
los agujeros de los clavos de mi otro yo. Del yo que sólo soy cuando se
mojan las calles y se esconde el sol. Cántame. No preguntes. Córtame los frenos y acelera, crúzame en rojo y sin mirar.
Cuéntame una que no me sepa. Una que tire abajo la torre de naipes a la que me he subido para poder verte venir. Ven, no avises. Aparece sin
llamar. Cámbiame los planes y convence a las horas para que pasen
volando. Vuela. Vuela por encima de mis posibilidades y de las tuyas.
Vuela alto y luego tírate desde lo alto para rescatar lo que quede de nosotros cuando vuelva a salir el sol. Ven. Arranca. Arráncame las páginas y léeme
la última frase del libro que nadie escribirá sobre mí. Mírame. Mírame
mientras ato los cabos que se sueltan cuando se nos desabrocha la
vergüenza y de pronto todo es lo que parece. Aprieta el gatillo, dispara las palabras que nunca me oirás decir.
Cuéntame una que no me sepa.
Cuéntame otra.
Cuéntamela otra vez.