lunes, 31 de marzo de 2014

Bifurcar...

Esperar desde el momento que los párpados se abren por primera vez en el día, en alerta constante a los sonidos que llegan desde el exterior. Imaginar e hipotetizar... Gritar(te) en ese silencio del que sólo forman parte aquellos que alguna vez dijeron tanto a través de la mirada, a través de los gestos, a través del roce casi imperceptible ante los demás... Cómo poner en palabras lo que cuesta siquiera imaginar. Cómo expresar lo que se lucha por ocultar. Cómo animarse a más cuando la cobardía fue aliada a través de los años. Cómo seguir negando lo innegable. Cerrar despacio los ojos otra vez con la leve e inconsistente esperanza que ya no duela más, que ya no sienta más, que se vaya, desaparezca, puf... explote y se desintegre. Y otra vez la espera eterna de la mínima señal que aliente dar un paso más... Ese miedo que paraliza y nos pone en stop. Temblar como hace tanto tiempo atrás. Sonreír sin motivo aparente, sabiendo que sencillamente estás, existís, te voy a ver.... Montaña rusa de sentimientos, suben, bajan, giran pero siempre avanzan. Dónde terminaré(mos) es el interrogante existencial. Esa primera pregunta que no halla respuesta. Esa inconstancia intermitente de indicios que aclaran, confunden, incitan, paralizan, movilizan, protegen y  fluyen otra vez... 


sábado, 29 de marzo de 2014

Callar...


Momento de caos... Objetos que vuelan... Palabras elevadas en tono e intención... Miradas que reflejan enojos de antaño... Respiraciones que no oxigenan... Abrazos truncos a mitad de camino... Contención que parace no llegar... Llanto, lágrimas, sollozos. Tristeza. Si... de la que duele, de la que ahoga, de la que deja sin capacidad de reacción. Impotencia. Escena que acontence delante de nuestra nariz y uno ahí. Inmóvil. Triste, por qué no... Ganas de gritar de la misma manera. No poder comprender como rutina, acostumbramiento, falta de valoración y hartazgo pueden llegar a este punto. Otra vez lágrimas, ahora de resignación... de sentir que las cartas ya están echadas y no hay próxima vez. Aceptar, obedecer, ceder... Y así los días pasan, los años pasan, la vida misma pasa. Y el corazón no late con la misma intensidad. Y las manos ya no rozan con los sentidos a flor de piel. Y la mirada refleja eso... eso y más también. El cansancio se nota. El desasosiego. El soñar por las noches, sólo por las noches y despertar sobresaltados por la realidad. Y esas tremendas ganas de huir no sé dónde, ni con que pretexto, pero por fin huir... Allí donde cobre brillo la opacidad del presente. Dónde las pupilas vuelvan a tener destellos de felicidad que se cuelan sin querer. Dónde los dientes sean protagonistas de sonrisas compartidas. Dónde los suspiros vuelvan a hacer volar... Dónde caminar no sea una carrera de obstáculos sino un plácido sendero por el cual transitar. 
Y otra vez, a metros de poder  hacer. A centímetros de accionar. A milésimas de decir... Y callo. Y la rueda comienza de nuevo a girar. El tiempo deja de estar suspendido en el aire y avanza otra vez. A enderezar el cuerpo, con la frente bien en alto... Ya lo has dicho: "Levanta la cabeza princesa, sino la corona se cae"...