miércoles, 14 de enero de 2015

Enero...

Enero. Principio de un final o final de un principio. Otra vez acabando. Otra vez volviendo a empezar. Punto y aparte. Todos necesitamos poner alguno mientras escribimos nuestra historia particular. Trescientas sesenta y cinco palabras separadas por comas, comillas, puntos de exclamación, interrogación. Algún punto sobre alguna "i" y muchos, muchos, muchos puntos suspensivos... A veces, cuando no sabemos bien cómo acabar, suelen ayudarnos a dejar las cosas en el aire. A respirar.
Doce oportunidades para cambiar de estación. Bajarse del tren y cambiar el boleto. Al menos el de ida, ya que el de vuelta es otra cosa. Nuevos caminos se cruzan, se mezclan, se bifurcan... Doce campanadas que marcan un cuenta atrás con idea de paso hacia adelante. Chin chin y todo vuelve a empezar teñido de burbujas que invitan a pensar un nuevo comienzo. Parece que nunca todo es tan claro como en ese momento. Nos hacen falta otros trescientos sesenta y cinco días para ser capaces de volver a decirnos a nosotros mismos que debemos y merecemos ser felices.
Paradoja de la vida. Necesitamos que algo acabe para que otra cosa empiece. Igual que cuando alguien muere y valoramos automáticamente más la vida. Igual que cando cruzamos alguien imposibilitado de caminar y sentimos urgentes ganas de correr. Igual que cuando una relación se acaba e intentamos encontrarnos lo más rápido posible a nosotros mismos. Necesitamos burbujas para proponernos hacer las cosas bien. Pero las burbujas se van. Desaparecen.
Pero sucede que también enero se acaba. Se lleva con el todas las buenas intenciones y los borrones junto a sus cuentas nuevas. Parece, al fin y al cabo, que las cosas no han cambiado tanto. 
Pasan los meses y lo que se siembra se recoge. Cuando escupes hacia arriba, te suele caer encima. A veces los paraguas parecen no servir. "No hagas lo que no te gusta que te hagan", solemos oír. 
Al fin y al cabo vivimos de puntos y apartes. Vivimos de la sensación de lavar trapos sucios y volver a empezar. De salir a correr y darnos luego una ducha, como si el agua fuese a llevarse aquello que sobra y no nos deja dormir. Como al tumbarte en tu cama, con tus sábanas con sus aromas, convirtieran tu día del mier... en algo un poco mejor.
Sí, definitivamente lo necesitamos. Igual que olvidar algunas cosas para hacer lugar a otras nuevas. Si no fuésemos capaces de olvidar, no seríamos capaces de perdonar, ni siquiera a nosotros mismos. Y una vida sin perdón es difícil de vivir....
Enero otra vez... Barajar, dar de nuevo y comenzar... Perdonar. Sanar. Avanzar...




jueves, 8 de enero de 2015

Una que no me sepa...

Cuéntame una historia que no me sepa... Una que suene a muerte, a ocaso, a tensión, a terror, a rosas cubiertas de espinas, llantos desbordantes del alma y fracasos que empañan. Una de las que la gente cuenta sin saber si de verdad pasó. De esas que todos critican pero nadie entiende.

Cuéntame una de las que se viven al compás de la envidia de los demás. De las que nunca dicen que no a una botella de vino.Cuéntamelo. Cuéntame algo que nadie me haya dicho todavía, tócame algo que nadie haya escuchado jamás. Desafíname las cuerdas y marca un ritmo. Dime lo que todos piensan y nadie se atreve a decir. Pero tú sí, dilo.
Toma dos copas rotas y no tengas cuidado. Córtame la boca con eso que llaman ganas de todo y no te dejes nada. Repite, si puedes. Una, dos, tres, cuántas veces puedas. Atáscate en el ascensor que viaja entre mi realidad y tu mundo paralelo. Sube, baja y vuelve a subir. Repite, si te atreves. Atréve(te).

Deja que suba la marea y finge que no sabes nadar. Recuérdame que hay una parte de mí que sabe respirar debajo del agua y a ras del mar. Ahógame las excusas. Dame una vuelta. Dame dos. Dame cien.  Sin rodeos. No hagas pie.Aguántame la tormenta, la mirada, el vendaval. Aguanta las ganas, la paciencia, el tirón. Tírate conmingo, contigo, sinmigo, sin tí.
Cuéntame una que no me sepa. Esa que no nos dejaban ver cuando éramos pequeños.  Aquellas que son capaces de explicar lo que no podrás nunca, quizás porque sea mejor no saber. Bájame las estrellas, llévame a bailar. Báilame. Báilame la atención mientras nos disfrazamos de indiferencia. Sé diferente. Sé indiferente, Ponme lo de siempre y que sepa como nunca. Ponme, a secas. No vengas para quedarte. No te acabes de marchar. Prométete que no volverás y ven otra vez. Ven, una y mil veces, y no te acostumbres ninguna. Llega tarde, pero llega. Vuelve a volver. Dame cuerda y no la sueltes. Suéltame la mano y déjame colgar. Cuélgate. Cuélgate de mí.Tira y no aflojes. Salta. Salta y deja que vaya detrás.
Cuéntame otra. Una de la que nunca hayas contado el final. Una que no sepas cómo acaba. Una que no sea como las demás. Duéleme. Duéleme en todos y cada uno de los agujeros de los clavos de mi otro yo. Del yo que sólo soy cuando se mojan las calles y se esconde el sol. Cántame. No preguntes. Córtame los frenos y acelera, crúzame en rojo y sin mirar.
Cuéntame una que no me sepa. Una que tire abajo la torre de naipes a la que me he subido para poder verte venir. Ven, no avises. Aparece sin llamar. Cámbiame los planes y convence a las horas para que pasen volando. Vuela. Vuela por encima de mis posibilidades y de las tuyas. Vuela alto y luego tírate desde lo alto para rescatar lo que quede de nosotros cuando vuelva a salir el sol. Ven. Arranca. Arráncame las páginas y léeme la última frase del libro que nadie escribirá sobre mí. Mírame. Mírame mientras ato los cabos que se sueltan cuando se nos desabrocha la vergüenza y de pronto todo es lo que parece. Aprieta el gatillo, dispara las palabras que nunca me oirás decir.
Cuéntame una que no me sepa.

Cuéntame otra.

Cuéntamela otra vez.